Se da motivación por la
recompensa cuando las metas no son asequibles y se tiende a esforzarse por el éxito,
es por ello que, las recompensas competitivas suponen el principal motivo del
logro.
Tras varios estudios, se considera esta idea muy acertada mientras se
le proporciona recompensas adecuadas de un número suficiente y se consigue
motivar a los alumnos pasivos.
De manera resumida, es conveniente:
-
No usar premios cuando son
experimentados por el estudiante como agentes de control porque disminuye el
interés del sujeto.
-
No usar premios si se
quiere que los alumnos aborden tareas difíciles, ya que si una persona etiqueta
una tarea como extrínseca, tenderá a elegir formas fáciles de esas tareas, y si
la etiqueta como intrínseca busca formas difíciles o intermedias.
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No usar premios cuando se
desea transferir lo aprendido a situaciones posteriores no premiadas, ya que se
producen efectos negativos cuando el sujeto no espera la conexión tarea-premio
en el futuro.
-
No usar premios cuando
éstos son superfluos, innecesarios, ya que las tareas no se acentúan ni
siquiera cuando están siendo reforzadas.
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Premiar las tareas
habituales obligatorias o de memorización, pero no la creatividad o la solución
de problemas, ya que las primeras son acentuadas por premios inmediatos y las
segundas son interferidas.
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